También ha perdido un valioso libro de ocasión que tanto le había costado conseguir. La verdad es que llora por dentro.
Y ya no siente ganas de leer el siguiente libro de su lista. Uno de un personaje extraño llamado Chiripas. Esperemos que encuentre el libro que ha perdido. Le quedaban 28 páginas para terminarlo, y había llegado a lo más interesante.
Pero al día siguiente, todo había sido un mal sueño. Recordó haber
leído algo de aquel libro en un bar para hacer tiempo, así que fue allí y lo recuperó. Y
con él, se le fue gran parte de la honda tristeza que tanto le había hecho llorar
por dentro. Fue un golpe duro, y si no lloró por fuera, fue porque Teo era aún
más duro que el golpe que recibió por el extravío de su libro tan importante.
Recobrado el buen ánimo y las ganas de seguir con sus proyectos de lecturas,
Teo se fue a la cama muy pronto, grabó un mensaje para que todos sus amigos
supieran lo sumamente feliz que se sentía por haber recuperado aquel libro. Al
día siguiente, madrugó y no paró hasta que terminó de leerlo en el trabajo.
Hacía un sol radiante: tan radiante como
el que le iluminaba su alma de felicidad por haber recuperado su libro y
haberlo terminado. Era viernes y le esperaba un gran día. A las 15.15 saldrá de
su trabajo como todos los días, por la puerta grande, volverá, podrá dormir una
buena siesta para reponer fuerzas, y quedará en el bar de Patricia para recibir
una magistral clase de ajedrez de su amigo morito Hasán. Pondrá su libro a buen
recaudo, para no volverlo a extraviar nunca más. Buscará en google, la forma de
poderlo escanear para así poder compartir las valiosas enseñanzas de aquel
libro con todos sus amigos.
Seguramente, volverá a acostarse temprano,
más feliz aún que el día anterior. Y el día siguiente, será sábado, uno de esos
pocos días en los que Teo no tendrá que levantarse antes que el sol. Aunque por
una de sus raras manías, es posible que Teo ponga el despertador, pero si lo
hace, no lo hará para levantarse, sino para acordarse de que justamente ese día
no tendrá que madrugar, sino que podrá apagar felizmente el despertador y podrá
volverse a dormir no menos feliz, con la estufa puesta, para que cuando se
levante unas horas más tarde, la casa esté calentita.
Otro día os contaré las valiosas
enseñanzas que extrajo Teo de aquel valioso libro que extravió, recuperó y por
fin, terminó de leer.
vaya mierda de locos
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