viernes, 20 de febrero de 2015

El "Chiripas".

El Chiripas no sabía quién era Bolablanca, ni tampoco que Bolablanca lo llamaba “Chiripas”. El Chiripas se llamaba en realidad como Bolablanca, Teo, Teo Catedrales.


El Chiripas era un fenómeno social en España, un politicastro que aspiraba a presidir España, y Teo Bolablanca lo llamaba así, porque el nombre del partido griego que había ganado hace poco las elecciones y el de su presidente, sonaban algo parecido. (Siriza y Tsipras), de ahí el nombre Teo que Bolablanca le puso a su tocayo. El apodo que Teo Bolablanca le había puesto a su tocayo, podía parecer muy malintencionado, habida cuenta de que Chiripa, era una especie de cucaracha según el diccionario de la RAE en su tercera acepción, pero eso Teo Bolablanca al principio lo ignoraba, si bien es cierto que cuando lo supo quedó aún más convencido de lo acertado de su hallazgo. El partido del Chiripas era algo que sonaba algo así como “los memos”. Claro que Teo Bolablanca si no era sordo, si que era un poco duro de oído, aunque por otra parte pensaba Bolablanca que si los memos se reconocieran como tales, entonces probablemente serían mucho menos memos que aquellos memos que se creen grandes lumbreras. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Empezamos de nuevo. Un mal sueño.

Teo Bolablanca se siente mal, ha perdido su móvil viejo, de éstos que no quiere nadie, que no tiene Internet en el móvil, ni gmail, ni whatsapp, ni nada de todo ese nuevo mundo. Teo sabe mejor que yo, de qué va ese nuevo mundo de las nuevas tecnologías. Yo, el narrador, hace tiempo que me perdí y apenas distingo entre Iphone, Play Station, Google, Microsoft, etc. Sólo sé que hay mucho NINI por ahí haciendo tiquitiqui con el móvil. Y también sé que cada cierto tiempo, pasa que el Iphone 5, no vale porque sacan el 6, que pasa lo mismo con el Windows, con el Microsoft. Y creo que hasta hay padres desesperados, porque sus hijos que tienen el Samsung 6 tienen complejo de inferioridad, porque el compañero de su colegio, tiene el Samsung 22750.

También ha perdido un valioso libro de ocasión que tanto le había costado conseguir. La verdad es que llora por dentro.

Y ya no siente ganas de leer el siguiente libro de su lista. Uno de un personaje extraño llamado Chiripas. Esperemos que encuentre el libro que ha perdido. Le quedaban 28 páginas para terminarlo, y había llegado a lo más interesante.

 Pero al día siguiente, todo había sido un mal sueño. Recordó haber leído algo de aquel libro en un bar para hacer tiempo, así que fue allí y lo recuperó. Y con él, se le fue gran parte de la honda tristeza que tanto le había hecho llorar por dentro. Fue un golpe duro, y si no lloró por fuera, fue porque Teo era aún más duro que el golpe que recibió por el extravío de su libro tan importante. Recobrado el buen ánimo y las ganas de seguir con sus proyectos de lecturas, Teo se fue a la cama muy pronto, grabó un mensaje para que todos sus amigos supieran lo sumamente feliz que se sentía por haber recuperado aquel libro. Al día siguiente, madrugó y no paró hasta que terminó de leerlo en el trabajo.

Hacía un sol radiante: tan radiante como el que le iluminaba su alma de felicidad por haber recuperado su libro y haberlo terminado. Era viernes y le esperaba un gran día. A las 15.15 saldrá de su trabajo como todos los días, por la puerta grande, volverá, podrá dormir una buena siesta para reponer fuerzas, y quedará en el bar de Patricia para recibir una magistral clase de ajedrez de su amigo morito Hasán. Pondrá su libro a buen recaudo, para no volverlo a extraviar nunca más. Buscará en google, la forma de poderlo escanear para así poder compartir las valiosas enseñanzas de aquel libro con todos sus amigos. 

Seguramente, volverá a acostarse temprano, más feliz aún que el día anterior. Y el día siguiente, será sábado, uno de esos pocos días en los que Teo no tendrá que levantarse antes que el sol. Aunque por una de sus raras manías, es posible que Teo ponga el despertador, pero si lo hace, no lo hará para levantarse, sino para acordarse de que justamente ese día no tendrá que madrugar, sino que podrá apagar felizmente el despertador y podrá volverse a dormir no menos feliz, con la estufa puesta, para que cuando se levante unas horas más tarde, la casa esté calentita.


Otro día os contaré las valiosas enseñanzas que extrajo Teo de aquel valioso libro que extravió, recuperó y por fin, terminó de leer.